jueves, 10 de diciembre de 2015

160. OBJETIVO: MORIR EN EL INFIERNO

Lo pequeño, lo inadvertido, lo auténticamente bello
Al pensar en él, no lo hago con intención de justificarlo, ni siquiera, de comprende mínimamente alguno de sus actos o de sus actitudes hacia la sociedad. Todo lo contrario: condeno y rechazo su forma de "ver" la vida, una vida que él, en realidad, no alcanzó a entender. Ha venido a este mundo sin nada y se ha marchado del mismo modo, como quiso, es decir, vacío, sin rentabilizar su estancia entre los demás. Esa fue su voluntad.

Pienso en él, en cómo no sólo desaprovechó su vida sino que la empleó del modo más vil que uno es capaz de imaginar. Al menos, durante el final de su malograda existencia, sólo tuvo en mente una depravada idea: hacer el mal, matar, asesinar al mayor número posible de personas, sin distinción alguna de raza, de sexo, de edad, de filiación política o de su pertenencia o no a determinado credo religioso. En definitiva, su único objetivo en este mundo: masacrar indiscriminadamente. Ese fue su deseo, creyendo, absurdamente que al otro lado le esperaba quién sabe qué.

Pienso en él, en el sanguinario terrorista, como un despiadado asesino. Me da igual que haya cometido sus atrocidades en París, en Madrid, en Egipto o en Nigeria; en una reunión de altos Jefes de Estado, en una base militar, en una central nuclear o en un centro de ocio repleto de jóvenes de su misma edad. Es lo mismo. Se trata de un criminal "carente de alma". Únicamente, deseoso de matar, de crear el caos y la desolación a su paso, dejando en ello su propia vida y quitándosela, a la vez, a los demás. Se puede afirmar, sin lugar a dudas, que no sólo es un inadaptado, un enemigo de la sociedad, sino que se cree por encima del bien y del mal, de la vida y de la muerte, con poder de decisión sobre su final, el de la suya y el de la de los otros. Y todo esto, ¿por qué?. No creo que exista una respuesta sencilla. En mi opinión, no es posible, para una personal ajena a su cruel mundo, entender lo que pasa por su mente. Mata por sus radicales ideas, ideas inhumanas, diabólicas, llenas de intolerancia hacia aquellos que piensan de forma diferente. Si sobrevive a una de sus acciones, seguramente, siente placer al comprobar los resultados de su "obra". Por sus venas, no circula sangre; por ellas, se mueve un intenso odio, un gran resentimiento hacia el resto de la humanidad. Su única aspiración consiste es organizar auténticas y sangrientas masacres, encaminadas a "llenar las calles de cadáveres", a sembrar el miedo y el horror en el mundo. Ese es su verdadero y auténtico sueño, a lo que dedica su tiempo, ideando sus maléficas acciones.

Me resisto a pensar que el llamado proceso de radicalización se haya producido a corto y medio plazo como a menudo se pretende hacernos creer. El germen de una personalidad tan compleja, tan perversa y dañina, destinada al abismo, habrá que buscarlo muchos años atrás. Tal vez, durante su adolescencia, en su grupo de amigos o, incluso, a edades más tempranas, en el interior de su propio hogar, en su entorno familiar.

Pienso en él, en ese terrorista que ha errado en su elección, al escoger el odio, la sangre y el dolor, en vez del amor, la vida - que nos sido regalada - y la belleza que ésta nos muestra, donde es posible que todos los hombres, como iguales, sin distinción alguna entre unos y otros, podamos vivir en paz y ser felices respetándonos mutuamente.

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Paco Fernández