viernes, 7 de agosto de 2015

146. DECIDIR O NO DECIDIR, HE AHÍ EL GRAN DILEMA

Decía el célebre escritor checoslovaco, Franz Kafka que "reflexionar serena, muy serenamente, es mejor que tomar decisiones desesperadas." Comparto completamente esta afirmación. Las decisiones, sobre todo las verdaderamente importantes, aquellas que pueden tener una influencia determinante en nuestra vida - laboral, familiar, social,... -, nunca deben ser tomadas a la ligera, de un modo precipitado, sin haberse dado, previamente, un periodo de reflexión, meditando a fondo y meticulosamente, tanto, las posibles alternativas, como sus consecuencias.

Durante toda nuestra existencia, en numerosas ocasiones, nos vamos a ver en la obligada necesidad de decidir, de optar por un camino, por otro u otros. Una gran parte de esas elecciones apenas tendrán importancia. Sin embargo, otras, puede que afecten sustancialmente a nuestra vida, por lo que han de ser tomadas con exquisito cuidado, valorando razonada y sosegadamente aquellas alternativas que aceptamos como más favorables para nuestros intereses. Puede que, algunas de ellas, nos resulten muy difíciles de tomar; otras, quizás, extremadamente dolorosas. Con dudas, con temor a equivocarnos, pero no tendremos más remedio que enfrentarnos al hecho real de que debemos decidir. Echándole valor, coraje, asumiendo tal o cual decisión y responsabilizándonos de ella, haciéndonos cargo de sus consecuencias. Tal vez, con el tiempo, nos percatemos de que no hemos obtenido los resultados que inicialmente habíamos previsto. Todo puede ocurrir. No obstante, nosotros hemos elegido y somos los únicos responsables de ello. Si sale mal, no debemos culpabilizar, ni a otras personas, ni a unas circunstancias, que para nada se han ocupado de nuestros asuntos. Una vez tomada una decisión, y a posteriori, con el tiempo,  veremos si nuestra elección fue un equívoco o, por el contrario, un acierto.

Es muy común, hoy en día, "echar balones fuera", culpabilizando a otros por nuestro posible revés en un determinado camino que hemos emprendido, que nosotros mismos, nosotros solitos, hemos elegido. Es un error. Insisto, armados de una gran valentía, debemos tomar una decisión pero, con esa misma valentía, también hemos de reconocer nuestro fracaso o alegrarnos por nuestro acierto. Es de sentido común.

Por otra parte, "no decidir", en la mayoría de las ocasiones, equivale a permanecer inmóviles, a no hacer nada, a no saber qué ocurriría si nos hubiésemos inclinado por tal o cual alternativa. Es mucho mejor arriesgarnos y decidir, aunque nos equivoquemos. Dado este caso, debemos aprender de esa experiencia  y extraer las conclusiones de nuestro error. Sin embargo, si nos quedanos cruzados de brazos mientras observamos como una oportunidad se nos escapa de las manos, tal vez, nunca más volvamos a disponer de ella. 

Es mi opinión. Se puede estar de acuerdo o en desacuerdo. Tanto, en un sentido como en otro, agradezco cualquier comentario, lo cual, seguramente, será enriquecedor para mí. Muchas gracias por leerme y un fuerte abrazo. Hasta la próxima entrada, espero que de interés para todos.

PACO FERNANDEZ

1 comentario:

  1. Tengo que decir que te lo has currado genialmente, aportando tus gustos, forma de expresar y con un alto contenido cultural.

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