miércoles, 21 de enero de 2015

124. LA TELEBASURA

Inicio esta entrada con la intención de exponer mi punto de vista sobre los andares de determinados personajillos que, desgraciadamente, predominan en abundancia por España. Es más, a veces, uno tiene la alarmante sensación de que,  como la peste misma, se multiplican. No me gustaría que alguien pudiera sentirse ofendido por mis palabras; no es mi intención faltar al respeto ni menospreciar a nadie. Se trata, simplemente, de dar a conocer unas ideas que estoy seguro, son compartidas por muchos, aunque otros, tal vez más, siguen el juego a estos sujetos.

Existen una gran cantidad de vividores y embaucadores, algunos, incluso, estafadores – con sentencias dictadas en su contra -, auténticos profesionales del vagueo, del vivir del cuento y del engaño, de fabricar un auténtico espectáculo con su vida familiar e íntima, sin importarles ni los hijos, ni los padres, abuelos o demás familiares de avanzada edad, que puede que no entiendan su proceder. Todo, por la pasta, por enriquecerse. Cualquier asunto, por escabroso que éste pueda ser, se saca a la luz. Todo sea, por una buen recaudación, para abultar la cuenta bancaria.

Cabe decir  que estos desgraciados cobran cantidades astronómicas, cuantías éstas pagadas por productoras de televisión, cuyo único objetivo es liderar el “prime time”, tener más audiencia que las cadenas de la competencia. Son personajes que no han hecho nada en su puñetera vida. Ni han estudiado, ni han trabajado, al menos en algo honrado y cumpliendo con unos horarios y unas obligaciones, como solemos hacer la gente normal. No son merecedores de nada, puesto que no han hecho ningún mérito. Se comportan como unas auténticas pirañas, como unos parásitos de la sociedad, que viven de los escándalos y de mostrar al mundo entero sus miserias, sus trapos sucios – familiares o personales -. Por cierto, unas veces, diciendo la verdad y otras inventándola. Todo vale. Por una parte, a la empresa que les paga, le interesa, porque así, cuanta mayor magnitud adquiera un determinado escándalo, mejor para la compañía puesto que aumenta su audiencia y, de eso se trata, pues vive gracias a ella. Por otra parte, también le interesa al mismo protagonista ya que, de este modo, aumenta su caché, con vistas a futuras intervenciones en otros programas igualmente sensacionalistas. Una auténtica y vergonzosa basura; como personas, una gentuza sin escrúpulos. Incluso - está demostrado -, algunas discusiones y debates acalorados – con bofetones o zapatos volando por el aire -, entre los distintos protagonistas de un determinado programa, habían sido previamente amañados, en ocasiones, con conocimiento de la propia productora. Eso, sí que  es jugar con los telespectadores, con la audiencia que les da de comer a todos, insisto, muy bien.

Voy a poner como ejemplos solo tres casos, aunque podríamos estar hablando de muchísimos más. El primero de ellos: Kiko Rivera, cuyo currículum, solo dice que es hijo del tristemente fallecido torrero Paquirri y de la cantante Isabel Pantoja, una señora que actualmente cumple una condena de dos años por evasión de capitales en El Centro Penitenciario de Alcalá de Guadaíra, en Sevilla. Kiko – un “niño bien” -, no ha hecho absolutamente nada en su vida, salvo protagonizar escándalo tras escándalo y tener un hijo, cosa que puede hacer cualquiera -  tener un hijo, me refiero -. Otra cosa muy distinta es educarlo, educarlo bien, se entiende. 

Belén Esteban, fue novia y tuvo una hija con el famoso torero Jesuín de Ubrique. Después de aquello, se dedicó a recorrer los platós de televisión en “reality shows” o como tertuliana, es decir, haciendo de periodista. Por cierto, es curioso pero, en la mayoría de programas de tertulia que hay hoy en día, todo el mundo entiende absolutamente de todo, todos ellos son “periodistas” y, tema debatible, tema sobre el que cada uno de ellos muestra su opinión, además, con firmeza y convencimiento. ¡Que será de aquellos auténticos y culturales programas como La Clave, de José Luis Balbín!.

Por último, un estafador – por supuesto, con sentencia dictada en este sentido -, Nicolás “el pequeño”, un “niño pijo” que, a pesar de su corta edad, entre otras muchas cosas, falsificó documentos oficiales y pidió dinero a distintos organismos y empresas, llegando a conseguirlo en diversas ocasiones. Se codeo con importantes personalidades del gobierno y, lo más sorprendente, consiguió engañar a todo el mundo. Hasta que le pillaron. Ahora, a pesar de que su caso se encuentra en los tribunales, él se pasea por las televisiones cobrando cantidades astronómicas. Poco menos que si fuera un héroe.

Pero, yo me pregunto, ¿es que somos memos?. ¿España está llena, con perdón, de idiotas?. Esta gentuza, estos seres despreciables, se enriquecen, se sacan una pasta gansa, sin sudarla, por la cara que tienen, porque hay millones de personas que, a la hora en que se emiten sus respectivos programas, ni pestañean, con su nariz pegada al televisor. La cadena, aumenta su audiencia y por eso se sigue realizando  este tipo de “basura”. Los directivos de las cadenas saben que todo aquello que tenga morbo, que trate sobre vidas privadas, sobre infidelidades, todo eso decía, vende, la gente lo ve. Por lo tanto, se estrujan el cerebro ideando programas que contengan una fórmula lo más escabrosa posible.

Termino ya. En mi opinión, actualmente, abundan en televisión programas que son auténticamente anticulturales. Una auténtica porquería, sensacionalistas, donde los protagonistas se enriquecen sin ser nadie, sin tener méritos de nada, gracias a los telespectadores que les siguen el juego. ¡Una vergüenza!. ¡Un pena!.

Es mi opinión. Se puede estar de acuerdo o en desacuerdo. Tanto, en un sentido como en otro, agradezco cualquier comentario, lo cual seguramente sera enriquecedor para mi. Muchas gracias por leerme y un fuerte abrazo. Hasta la próxima entrada, espero que de interés para todos.

PACO FERNANDEZ

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