miércoles, 21 de agosto de 2013

90. ¡NO GENERALICEMOS!. TAMPOCO CON LOS TAXISTAS

En general, los hombres juzgan más por los ojos que por la inteligencia, pues todos pueden ver, pero pocos comprenden lo que ven.”,  Nicolas Maquiavelo - Historiador, político y teórico italiano -
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  • Tras diez años trabajando en el taxi, uno tiene anécdotas agradables y desagradables. Algunas protagonizadas por taxistas y otras por clientes.
  • Para trabajar de cara al público, atendiendo las necesidades de nuestros semejantes, a algunas personas como los protagonistas principales de esta entrada, quizás sería bueno realizarles un estudio psicológico muy a fondo.
  • Para ser un buen profesional, en cualquier campo, primero es necesario ser buena persona y luego trabajar como si uno lo estuviera haciendo para sí mismo.
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Como ya he comentado en alguna otra ocasión, me dedico a conducir un taxi en la ciudad de Oviedo. Desde hace unos diez años. Durante todo este tiempo, han sido innumerables la cantidad de anécdotas que he vivido, de las cuales, unas veces fui un simple testigo y otras, para bien o para mal, con gusto o muy a mi pesar, uno de los protagonistas.

Puede que, lo que a continuación me dispongo a describir, no sea del agrado de alguno de mis compañeros de profesión pero, igualmente y, a pesar de ello, voy a intentar narrarlo de la forma más clara y precisa posible. ¡Creerme, por favor!; hubiera deseado no tener que hacerlo. Me limito, únicamente, a contar, a escribir aquello que yo mismo vi y oí, lo que presencié. No me lo han dicho. Fui testigo y, en cierto modo, protagonista de ello.

La Regenta con La Catedral
Quisiera comentar, antes de nada, que aquí, en Oviedo, existen las paradas de taxis. No todas las ciudades las tienen. Los taxistas, tras finalizar un servicio, solemos acudir a una de ellas, normalmente a la que se encuentra más próxima. Allí nos vamos colocando por riguroso orden de llegada. Puede ser que sea en línea, si la parada tiene esta distribución (la gran mayoría), o en batería, en cuyo caso preguntamos a los compañero quien llegó el último para conocer en qué orden nos toca alquilar a un cliente que solicite un servicio.

Por otra parte, en esta ciudad somos unos 600 trabajadores del taxi. No es de extrañar que en un colectivo tan numeroso haya un poco “de todo”: algunos (la inmensa mayoría) nos dedicamos a desempeñar nuestras funciones de una forma correcta y totalmente profesional. Somos amables y atentos con los clientes, les damos conversación si ellos nos la solicitan, ayudamos en lo que podemos, especialmente a la gente mayor, etc. Como debe ser. Estamos de cara al público y vivimos de ellos. Sin embargo, existe una minoría, muy pocos, que no actúan de igual modo. Se portan pésimamente con quienes les van a pagar, en ocasiones, quizás les cobren lo que no deben, les dan malas contestaciones, etc. Se creen que están haciendo un favor al cliente, cuando, en realidad, es al revés. Esta forma de actuar, además de demostrar que son malos profesionales, prueba que, como personas, tampoco hay mucho a qué acogerse. Insisto, deseo que quede muy claro: la gran mayoría de taxistas, prácticamente todos, no solo no compartimos estas conductas nada éticas de nuestros compañeros, sino que las reprobamos por completo.


Sucedió hace unos tres o cuatro años. En la madrugada de un fin de semana cualquiera, sobre las 4 ó 5 A.M. Aquella noche había mucho ambiente en las calles, en los bares, especialmente en el casco antiguo. Por lo tanto, el trabajo que teníamos era cuantioso. Un grupo de taxistas nos encontrábamos charlando animadamente, esperando en una parada para ser alquilados. De pronto, se presentó una chica joven, de unos 20 años. Se dirigió a nosotros y preguntó que con quién iba. Uno de los que allí estaba, con una gran chulería y de forma muy maleducada, le contestó, entre una serie de palabras malsonantes, que con él, que si no le valía. La chica, por la forma de responderle, no es de extrañar que tuviera dudas sobre si realmente era a él a quien le tocaba e insistió de nuevo. Ese fue su enorme y único error. 

Noche de fiesta en el casco antiguo
A partir de este desafortunado instante, aquel sujeto, comenzó a insultarla y a decirle cosas de forma totalmente grosera, humillante y con un enorme desprecio. Por supuesto, no voy a reproducir aquí aquellas vulgares y soeces palabras. Esta, la chica, se quedó sobrecogida ante la reacción del taxista que, por otra parte, ni siquiera la conocía. Parecía no saber muy bien qué hacer. Mi impresión fue que estaba asustada y no daba crédito a lo que le estaba sucediendo, allí, de repente, en muy poco tiempo. Al fin y al cabo, ella sólo deseaba tomar un taxi para irse a su casa a descansar…Y, ¡vaya por Dios!; había tenido la mala suerte de toparse con aquel energúmeno que no la quería llevar y, encima, la insultaba, la “machacaba” y se metía con ella. Quisiera resaltar que era una joven muy educada y amable; tampoco se le apreciaban signos de haber bebido alcohol.  

El caso es que, …encima, por si con uno no era suficiente, se sumó a las descalificaciones e insultos otro de los taxistas que allí se encontraba. Los dos, por igual, llevaron a cabo un acto de verdadero maltrato psicológico, de vandalismo completamente irracional y merecedor de la máxima repulsa y el absoluto rechazo de cualquier persona de bien, de cualquier persona “normal”. Observando actitudes como esta, me convenzo más de que a algunos deberían prohibirles realizar trabajos que requieran un trato con el público, con sus semejantes. A estos dos, en mi opinión, tendrían que retirarles de por vida el carnet de taxista. No están APTOS para ejercer como tales. De ello debería ocuparse el Ayuntamiento, que para eso tiene las competencias en esa materia. 

Tras unos momentos de duda e incredulidad por mi parte, me dirigí entonces a la chica y le dije que, aunque no me tocaba alquilar, si ella quería, la llevaba. Se quedó fijamente mirándome, con cara de sorpresa y asustada. Su expresión denotaba una gran desconfianza, mucho recelo. Por lo tanto, yo, a la vez que abría la puerta del coche, le insistí:

Módulo sobre un taxi de Oviedo

- ¡Confía en mí, mujer!. Si quieres marcharte de aquí, te puedo llevar 

Accedió entonces a ello. Apenas se había sentado en la parte trasera del taxi, tras indicarme su dirección, rompió a llorar. Como una desconsolada. Sinceramente, creo que, como jamás había visto llorar a nadie. Estaba derrumbada, abatida psicológicamente después de aquel trance por el que había pasado, sin buscárselo. Durante un rato, decidí mantenerme en silencio, sin pronunciar ni una sola palabra. Tampoco se me ocurría qué decirle para tranquilizarla. En aquel momento no me pareció oportuno tratar de convencerla de que no todos los taxistas éramos de aquella manera.

Insisto, una vez más: “la inmensa mayoría de nosotros, no nos comportamos nunca de ese modo. Todo lo contrario; trabajábamos de forma honrada y siempre tenemos una actitud totalmente intachable y honesta con los clientes”. 

Al final, después de todo, hablé con nuestra amiga. Incluso, estuvimos unos minutos al lado de su casa comentando lo ocurrido. A pesar de que no dejaba de llorar, traté de animarla y de convencerla de que no se quedase con un mal concepto de los dichosos taxistas. Le aconsejé que, a estos dos tipos, no les dedicase ni siquiera unos pocos segundos de su tiempo, que no se los merecían. Que se fuese a su casa, que intentase dormir algo y descansar. Que seguro que al día siguiente lo vería todo de otra manera y que pensase en ello como una desagradable anécdota por culpa de unos indeseables carentes de personalidad y de principios.

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SIN MUSICA LA VIDA SERIA UN ERROR. - Friedrich Nietzsche -
  • Tema Musical   : Two Sparrows in a Hurricane
  •  Intérprete       :Tanya Tucker
  • Año                 :
  • Género             : Country
  • Título Album     :  
  • Notas              :

Así Pienso. Así te lo he contado. … En Breve,
Nueva Publicación 
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6 comentarios:

  1. Tienes razón Afortunádamaente esta clase de taxistas son una inmensa minoría,pero hace daño.
    Un saludo muy afectuoso Paco,cuídate

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  2. Una vergüenza el comportamiento de esos dos taxistas.
    Los que tenemos hijos y salen a las fiestas, confiamos en que ustedes nos traigan hasta el domicilio a nuestros hijos.
    Gracias por hacerlo público.

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  3. Hola Paco, vine a devolverte la visita que me hiciste y me doy cuenta de que hoy es tu cumpleaños, así que: ¡MIL FELICIDADES! Espero que lo pases muy bien.
    Volveré para leerte, porque tu texto es un poco largo, estoy con el tiempo justo en la hora de mi almuerzo y no me gusta leer superficialmente.
    Muchos saludos desde Buenos Aires.

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  4. Muchas gracias, Mirella. Gracias a ti, me di cuenta de que hay un error. Intentaré subsanarlo cuanto antes. En la insignia donde aparece mi fecha de nacimiento, esta se muestra con formato anglosajón, por lo que intercambia el mes y el día. Es decir, nací el 9 del 3, no el 3 del 9. Miraré si puedo solucionarlo. Gracias de todos modos y un saludo desde España.

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